viernes, 21 de marzo de 2025

Ella sabe algo que yo no

 


Sábado, 7 de mayo, 2023

Desde hace un año, él y yo acordamos ser amigos con derechos. Fuimos pareja hace un tiempo, tres años para ser exactos, desde entonces solo hemos estado juntos una vez. Una sola vez. Apenas si me ha tocado.

Dice que no tiene tiempo, que el trabajo lo consume, que un solo descuido de su parte podría costarle millones a la empresa. Lo entiendo. Es un hombre brillante, imprescindible. Sin él, todo se vendría abajo. Él es la empresa. Y yo lo admiro tanto... Me enorgullece su sacrificio, su entrega. Un día, gracias a él, la empresa será más grande que nunca. Y yo estaré ahí para verlo.

A veces hablamos de relaciones. Me ha dicho que no entiende a las mujeres, que nuestras emociones son demasiado complicadas, que lo frustramos. Yo sonrío cuando lo dice. No sabe que conmigo eso no pasará, porque no hay nadie en el mundo que lo comprenda como yo. Conozco cada uno de sus gestos, cada pausa en su voz cuando algo lo preocupa, cada pequeño brillo en sus ojos cuando habla de sus sueños. Esa parte de él que nadie más conoce, esa vulnerabilidad que guarda con tanto recelo... solo me la muestra a mí.

Por eso me gusta cuidarlo. Si lo veo agotado, le llevo café. Si tiene un día difícil, le dejo en su escritorio un pan dulce o algún postre que sé que le gusta. Sus gustos son un poco caros, pero no me importa. Vale la pena verlo sonreír.

A veces le compro regalos, detalles que sé que le emocionarán porque han salido en nuestras conversaciones: un juego de mesa de su infancia, algún carro en miniatura que sé que le gusta, un muñeco de su serie preferida. Me encanta la idea de sorprenderlo, de demostrarle que lo escucho, que todo lo que dice me importa.

Sé que algún día lo notará. Y cuando lo haga, no podrá evitar verme con otros ojos. No podrá evitar amarme.

 

Martes, 20 de julio, 2023

¡Hoy es un día increíble! He logrado avances importantes con mi gran amor. Nos hemos besado otra vez. ¡Pasó en el elevador de la oficina!

Fue algo tan natural, tan perfecto... Lo miré como siempre, con esa devoción callada que no necesita palabras, y esta vez no apartó la mirada. Me atreví a acercarme, a rozar sus labios con los míos, esperando que me detuviera, pero no lo hizo. No solo eso. Cuando el elevador llegó a nuestro piso, se quedó ahí, mirándome, con esa media sonrisa suya que tanto adoro, y solo dijo: "No me importa que me beses."

Mi corazón no ha dejado de latir con fuerza desde entonces.

Cada día hablamos más y más. Ahora soy parte de su rutina, de su mundo. Sé que al principio me veía como alguien más, una presencia cómoda en su día a día, pero eso ha cambiado. Me busca con la mirada cuando llega, me sonríe cuando paso a su lado, incluso los jefes de la empresa lo han notado.

Me han dicho que insista, que haríamos una gran pareja.

Y yo lo sé. Siempre lo he sabido.

Sábado, 4 de agosto, 2023

Hace tiempo conocí a una compañera del trabajo que me provocaba cierta inseguridad.

Paco solía mirarla. Y no como mira a los demás. Con ella siempre hay algo más, una especie de brillo en los ojos, una atención especial. Cuando la ve, sonríe con una facilidad que conmigo rara vez muestra.

Carmen.

Es el tipo de chica que no necesita esforzarse para llamar la atención. Poca ropa, cuerpo de gimnasio, y una seguridad que deslumbra, que impone. Habla con los hombres como si todos fueran suyos por derecho. Nunca titubea, nunca duda. Su risa es fuerte, su presencia llena la habitación.

Pero cuando me acerqué a ella, todo cambió. Nos caímos bien de inmediato. Es una mujer fascinante, directa, sin rodeos. Me gusta cómo piensa, cómo se mueve en el mundo sin miedo. Creo que seremos buenas amigas.

A Paco le insistí en que la conociera mejor, creo que le hace falta tener amigos. No estaba convencido, decía que no le gustaba su amistad con ella porque era "desobediente".

¿Desobediente? No sé exactamente a qué se refiere con eso. Pero lo mejor es no preguntar demasiado. No quiero que piense que soy insegura ni que me dan celos.

Días después, Carmen me contó que Paco comenzó a escribirle. Mensajes a cualquier hora, invitaciones a tomar café. Ella no sabe que fui yo quien insistió en que se llevaran mejor.

Me dijo que aprovechará el momento para hablar de mí, para convencerlo de que me haga caso.

Siento que el universo está a mi favor. Lo único que impide que estemos juntos de nuevo es su maldita indecisión.

 

Lunes, 19 de octubre, 2023

Mi plan ha dado resultados.

Paco ya no luce incómodo cuando le llevo café o algún panecillo. Al principio parecía avergonzado, pero con el tiempo se ha relajado. Incluso, a veces, me sugiere qué podría traerle la próxima vez.

Sé lo que podría parecer desde afuera. Pareciera que se está aprovechando de mí, que se ha acostumbrado a recibir sin dar nada a cambio. Pero no es así. Yo le he insistido en hacerlo. Se lo he dicho muchas veces: me gusta cuidarlo. Me hace feliz.

Aún sigo intentando que salgamos a solas. Lo he invitado incontables veces, pero siempre tiene un pretexto. Que está cansado, que tiene trabajo, que ya tiene otros planes.

A veces, en cambio, me lleva a tomar café en una cafetería cerca del trabajo. Es un pequeño triunfo, aunque la elección del lugar me incomoda. No es casualidad que siempre lleve a otras chicas ahí. Lo he notado. Mi amiga Carmen también lo ha notado.

Hemos hablado del patrón: Paco invita a una chica cuando la ve más arreglada de lo normal, cuando nota que está llamando la atención. Como si necesitara probarse a sí mismo que sigue teniendo el control. Que todas, de alguna manera, son suyas.

A veces, Carmen también va con él.

Yo he ido menos veces, pero conmigo es diferente. Lo sé. Se lo he dejado claro: no me gusta ese lugar, prefiero otra cafetería. Y cuando finalmente me lleva a donde quiero, aprovecho. Le coqueteo, me acerco más de la cuenta, y cuando baja la guardia, le robo uno que otro beso.

Sé que hay algo en él que se resiste. No sé qué es. Pero sé que puedo romper esa barrera.

Miércoles, 12 de noviembre, 2023

Carmen me contó que Paco le dijo algo sobre mí.

"A ella solo la veo como una amiga."

Lo que ella no sabe es que ya lo sabía. Lo hemos hablado antes. Él no quiere una relación. No le interesa. Pero eso no significa nada. Porque seguimos aquí. Porque somos dos solteros que comparten un secreto en común.

Porque cuando estamos juntos, cuando nos reímos, cuando su mano roza la mía sin darse cuenta… Sé que hay algo más.

Lo sé.

A veces lo noto en su mirada. En cómo me escucha cuando hablo. En cómo me deja quedarme un poco más. Solo necesito seguir insistiendo.

Un poco más.

 

Sábado, 10 de diciembre, 2023

Ya casi llega su cumpleaños. Llevo todo el mes planeándolo. He gastado una fortuna, pero sé que valdrá la pena. 

Va a sorprenderse. Va a emocionarse. Va a entender cuánto lo quiero.

Hace poco, por una emergencia en el trabajo, desalojaron nuestro espacio y él dejó que me quedara en su oficina por dos semanas.

Dos semanas a su lado. Conversaciones hasta tarde. Risas. Me ha dejado café en mi escritorio. Definitivamente, él es el hombre que siempre soñé.

A veces me hace preguntas. Muchas preguntas. Siento que en cualquier momento estaremos juntos.

Solo necesito saber qué hará en su cumpleaños. Suele pedir esos días de vacaciones, pero esta vez no lo ha mencionado. Le he insistido, una y otra vez. Dice que aún no lo decide. Tal vez quiere que sea sorpresa.

Tal vez espera a que le decore su lugar sin decirme nada.

Tal vez…

 

Martes, 26 de diciembre, 2023

Carmen me dijo que habló con él. Le preguntó por sus planes. Y él le respondió que ya había pedido el día.

Va a faltar.

Lo decidió hace semanas. Llevo días preguntándole y no me había dicho nada. Dos mil pesos en regalos, adornos, globos, comida. No es como para decirme si estará o no.

Cuando le reclamé, solo se rió.

¿Por qué se rió?

¿Por qué no me dijo nada?

¿Qué pasó?

¿Qué hice mal?

 

Lunes, 9 de enero, 2024

A petición mía, mi amado me compró una pulsera de oro de amistad. Solo que en la parte interna lleva grabada la fecha y nuestras iniciales, como si fuésemos novios.

Un símbolo de lo que somos. De lo que seremos… Un híbrido entre amor y amistad.

Sé que todo va a mejorar. Solo hay algo que me preocupa… Cada vez habla menos conmigo. Me dice que tiene mucho trabajo. Le creo. Otros compañeros de la oficina me lo han confirmado.

Pero con Carmen… Con ella siempre tiene tiempo. Todos los días baja por café con ella.

Con ella se detiene horas a platicar. Conmigo, cada vez menos.

¿Qué pasó?

¿Qué hice mal?

Con ella habla de su familia, de sus problemas, de sus sentimientos. Yo lo veo cansado. Me dice que anda desanimado, que no tiene ganas de socializar.

Pero con ella sí.

¿Por qué ella?

¿Por qué le da a ella lo que yo tanto anhelo?

Carmen me dice que no lo moleste tanto, que Paco solo anda confundido. Pero curiosamente me pregunta seguido:

"¿Qué harías si descubrieras que él tiene novia?"

Es una pregunta estúpida. Si tuviera novia, me lo diría. Él y yo nos decimos todo.

¿No?

 

Viernes, 10 de febrero, 2024

(Descartada, invisible, prescindible.)

Apenas si me mira a los ojos. Hace caras cada que me acerco. Como si le molestara mi presencia.

¿Qué hice?

Pero apenas salgo de mi oficina…, cualquiera que entra se queda un rato a platicar con él.

Cualquiera.

Decidí alejarme.

Me estoy volviendo loca.

Comienzo a sospechar de mi nueva amiga. Ella que ha sido tan linda. Tan paciente conmigo.

Lunes, 13 de febrero, 2024

(“Lista para la verdad.” ¿Qué significa eso? ¿Qué más hay que saber? No entiendo.)

Mi amiga me confesó algo que me heló la sangre. Ahora que decidí alejarme de Paco, me dijo que ya estoy lista para enterarme de la verdad.

Todo el fin de semana tratando de adivinar qué podría ser. ¡Pero yo sé todo de él! No hay nada que no sepa.

Después de dejarme con la incertidumbre, de saborear mi desesperación como quien bebe un buen vino, me lo dijo.

Él tiene novia. Desde hace tiempo. Prácticamente ya viven juntos. Comparten gastos.

Nunca vi venir esa posibilidad.

 

Martes, 14 de febrero, 2024

Él no lo negó. Dijo que no me lo había dicho para no hacerme daño.

¿No hacerme daño? (¿No lo veía? ¿No le importaba? ¿Es normal que la cabeza me zumbe así?)

¿Entonces qué fue todo esto? Llevamos meses besándonos.

Él no sabe andar en pareja. A él no le gustan las relaciones, más que algo casual. ¿Y ahora parecen matrimonio?

Pero…, lo veo más coqueto que nunca con otras chicas. Riéndose. Llamando su atención.

Nada tiene sentido.

Nada tiene sentido.

 

Sábado, 10 de marzo, 2024

No puedo ni verlo. Cada que aparece…, tengo ganas de salir huyendo. Para otro lado. Para cualquier otro lado.

(Asco. Rabia. ¿Cómo soporté tanto? ¿Cómo no lo vi? ¿Cómo no lo vi? ¿Cómo no lo vi?)

Pero sé que me buscará. Lo conozco. Llevamos seis años de conocernos. Sé nuestro ciclo en cada pelea. Sé exactamente cómo irá esto. Sé lo que viene.

Trataré de calmarme…

…hasta entonces.

 

Miércoles, 21 de abril, 2024

Mi amiga se ha encargado de que yo sepa cada mínimo detalle de la relación de Paco con su nueva novia. Cada cuando hacen el amor, que ella tiene mucho dinero, que es muy joven, que él es muy feliz…

Le he dicho que no quiero saber, que me duele. Sigue contando. Dice que quiere remendar el daño, compensar el no haberme dicho que él tenía pareja en el momento que lo supo.

(¿Víctima? ¿Cómplice? ¿Disfruta hacerme esto?)

Pero, aun me pregunto ¿por qué él se lo contó a ella? Si de verdad no quería que yo supiera… ¿por qué confiar en alguien tan cercano a mí? ¿Quería que me enterara por ella?

Ya para estas alturas, Carmen y yo somos mejores amigas. 

Me cuida, dice. 

No deja que me acerque a él, dice. 

No quiere verme llorar más, dice.

Pero entonces… ¿por qué ella sí? ¿Por qué ella sí baja con él por café todos los días? ¿Por qué pasa tanto tiempo con él, sonriendo, escuchándolo, pidiéndole consejos?

¿Por qué él la busca en su oficina?

¿Por qué él la cuida y la presume por los pasillos?

¿Por qué?

 

Viernes, 15 de mayo, 2024

(¿Y si lo busco? ¿Y si me arrepiento después? ¿Por qué ya no me habla? )

Ya pasó demasiado tiempo y él no ha venido a buscarme. Mi mejor amiga dice que él se burla de mí, que cree que esto es solo un berrinche y que, tarde o temprano, se me pasará.

Pero ¿y si tiene razón? ¿Y si todo esto es un malentendido?

Le confieso a Carmen que quiero reconciliarme con él, que ella debe ayudarme, que me lo debe después de haber guardado ese secreto tan cruel por tanto tiempo.

Yo no quiero perder la amistad de Paco así, de esta forma tan extraña. Al fin y al cabo, aunque en el pasado tuvimos una relación, ya éramos solo amigos… Amigos con derecho, sí, pero al fin y al cabo amigos.

No obstante, Carmen me dice que tenga dignidad, que él no es una buena persona, que hay otros chicos que me tratarían mejor.

Que me aleje.

Que lo olvide.

Sé que quiere cuidarme. Pero entonces… ¿por qué ella sí? ¿Por qué este par se han vuelto inseparables?

¿Por qué siguen bajando juntos por café casi todos los días?

¿Por qué cuando hablan, él la mira como si ella sí valiera la pena?

Si él es tan malo… ¿por qué ella no se aleja también?

 

Martes, 22 de junio, 2024

(¿Me estás buscando o es mi imaginación?)

Me armé de valor y, enfrente de Carmen, le pedí un abrazo a Paco, le dije que hagamos las paces. Él me dijo que no estaba enojado, que podíamos hacer las paces sin problema.

¿Así de fácil? ¿Y si es ella la que me ha estado mintiendo? Después de todo, lo último que sé de Paco es a través de ella. Él y yo no hemos hablado.

Días después, Carmen me dice que él le comentó que no tiene interés en recuperar mi amistad, que por mi bien, es mejor así. Me quedo sin palabras… No entiendo nada. ¿Qué hice? ¿En qué me equivoqué?

Aunque me cuesta creerlo, lo hago. Porque cuando voy a su oficina apenas si me voltea a ver. No contesta mis mensajes. Dos putas palomitas azules.

Pero…

Siempre lo cacho mirándome. De lejos. Como un cobarde. Me lo encuentro en lugares donde él nunca iba antes. Buscándome con la mirada.

¿Qué? ¿Te mueres por hablarme, pero no puedes? ¿Qué mierda te detiene?

Hay algo raro en todo esto. Algo que no alcanzo a comprender. Y me vuelvo loca tratando de averiguarlo. Pero nadie me ayuda.

Todos prefieren quedar bien con él por su posición en la empresa. ¡Lo aman! Corren a contarle cada cosa negativa que digo de él. 

¿Nadie se da cuenta de nada? Así que mejor decido callar. Ser más discreta. Tal vez así descubra algo.

Mientras tanto, mi mejor amiga no deja de hablar de él. Presume su ‘hermosa’ amistad. Dice que desearía tanto ser como él.

(Jódete, Carmen. ¿Por qué sigues tan pegada a él? ¿Qué le diste que yo no tuve? ¿Por qué te sientes tan especial?)

 

Sábado, 10 de julio, 2024

(Tal vez soy yo. ¿Soy la tóxica? ¿Me obsesioné? A lo mejor lo asfixié.)

Me he preguntado… ¿y si yo soy la mala? Tal vez tengan razón. Tal vez nunca debí insistir tanto. Tal vez debí haberme dado cuenta de que él no quería conmigo.

A lo mejor con mi mejor amiga sí se abre más porque ella lo comprende y yo solo… Solo estaba obsesionada con él. Si pudiera decirle eso… Si pudiera pedirle perdón… Si pudiera recuperar su amistad…

Odio ver cómo todos se llevan bien con él, menos yo. Es como si hubiera una barrera invisible que me deja fuera de todo.

Como si él se hubiera deshecho de mí con un chasquido de dedos. Como si nunca hubiera significado nada.

¿Qué pasó?

¿Qué hice mal?

(¿Siempre fui un problema? ¿Por qué nadie me lo dijo antes? ¿Por qué todos se lo callaron? No quiero llorar más.)

Martes, 10 de octubre, 2024

Me acabo de enterar que Paco perdió una cuenta muy importante. Lo veo apagado, desgastado emocionalmente. Nadie sabe lo importante que era esa cuenta para él.

Solo yo.

Así que me armo de valor y me acerco a él. Le pregunto si me extrañó. Me dice que sí. Mucho.

Nos abrazamos.

Prometimos tratarnos bien, o… ¿yo lo prometí?

No lo recuerdo bien.

 

Jueves, 12 de octubre, 2024

Un día casi lo veo llorar de tanto estrés. Así que fui a una de mis cafeterías favoritas y le compré un Espresso Irlandés. Lo hice porque sé que ama el whisky y el café.

En el vaso le puse un mensaje de ánimo. Lo dejo en su escritorio y me salgo rápido. Ha pasado toda la semana encerrado en su oficina, no deja que nadie entre.

Pero desde mi lugar noto cómo me mira a través de su puerta de cristal.

Llegando a casa veo que ha subido la foto del café a sus redes sociales.

(¿Es una señal? ¿Me está agradeciendo? ¿Todo volverá a la normalidad? No quiero emocionarme, pero… creo que todo va a salir bien.)

Viernes, 13 de octubre, 2024

(Ojalá nunca hubiera hecho nada. Ojalá me tragara la puta tierra.)

En cuanto se enteró, mi "mejor amiga" fue corriendo a preguntarle por qué lo hizo.

(¿Por qué chingados tuvo que meterse? ¿Por qué no puede cerrar la boca por una vez?)

Él le confesó que solo lo hizo porque colecciona fotos de vasos de café.

(¿Qué carajos?)

Que por favor no le diga que subí la foto.

(¿No recuerda que yo puedo ver su contenido? ¿Me cree estúpida? ¿Siempre me creyó estúpida?)

Me decepciono. Me revuelvo en mi propio ridículo. Aun así, le escribo. No para reclamarle. Le pongo otro mensaje de ánimo. Pero no lo lee.

(No lo lee. No lo lee. No lo lee. A estas alturas extraño las pinches palomitas azules. ¿Qué está pasando? ¿Ya no recuerda que me extraña?)

Me acerco a él. Le pido, por favor, que al menos lea mis mensajes. Aunque no conteste.

(¿Qué estoy haciendo? ¿Por qué me estoy humillando de esta manera? Pero no me puedo detener.)

Me miró raro. Contestó una llamada. Se alejó de mí como si yo no hubiera dicho nada.

(No soy nada. No fui nada. No seré nada.)

Esa fue la última vez que hablé con él. Nunca más quise intentarlo de nuevo.

(Pero querer no es lo mismo que poder.)

 

Martes, 10 de diciembre, 2024

Ha pasado tiempo y tengo novio. Suena tan simple cuando lo escribo así.

Tengo novio.

Tengo otra vida.

Tengo otra historia que contar.

He aceptado con dignidad que ese amor del pasado y mi mejor amiga son grandes amigos.

(Que sean felices. Que se ahoguen en su propia mierda. Que se cuenten sus secretos. Se lo regalo, ya no lo quiero.)

Ahora, con mi novio, todo es diferente.

(Porque yo soy diferente. Porque aprendí. Porque no voy a cometer el mismo error dos veces. Porque ahora sé qué es lo que quiero… y lo que no estoy dispuesta a tolerar.)

Así que, al tanto de la situación, le he pedido algo muy simple.

—Si alguna vez necesitas decirme algo, me lo dices a mí.

—Si Carmen se interesa demasiado en nuestra relación, vienes y me lo dices a mí.

Nada de triangulaciones.

Nada de intermediarios.

Nada de Carmen.

(Nunca más.)

 

Jueves, 10 de enero, 2024

Carmen no puede disimular su disgusto con mi nueva relación. Cada vez que él tiene un gesto lindo conmigo, pone caras. 

No lo dice, pero lo veo. Frunce la boca. Baja la mirada. Suspira. Mi novio dice que él no nota nada. Pero si me ha contado que ella cada que puede se le acerca para preguntarle:

—¿Por qué te veo tan desanimado? ¿No te sientes bien? ¿No te… satisface?

Él le responde que no tiene nada que ver conmigo, que todo está bien.

(Pero, ¿y si no es cierto? ¿Y si ella lo ve porque es verdad? ¿Y si yo soy la que se está engañando?)

Y luego está lo que me dice a mí.

—Desde que estás con él, lo noto cambiado. Lo veo triste, decepcionado, creo que se ha dado cuenta que no tienes muchas ambiciones y te ve como a su ex… Es lo que yo he notado… Ya vez lo que piensa de ella, que es una perdedora.

Qué raro, porque yo lo veo feliz.

(¿Sí lo veo feliz? A veces me besa y siento que está distraído. A veces lo abrazo y lo noto tenso. A veces quiero hablar con él y parece que su mente está en otra parte.)

Qué horror pensar así. No quiero ser esa persona otra vez. No quiero desconfiar de quien me ama.

No quiero volver a ese lugar oscuro, donde cada palabra es un enigma, cada gesto es una pista, cada silencio es una sentencia.

Pero Carmen... Carmen sabe cómo hacerme dudar.

Ya no me cae bien. No me atrevo a decírselo en la cara, pero estoy harta de ella.

Siempre encuentra la forma de meterse en mis relaciones, sean de amigos o de pareja. Siempre tiene algo que decir, una duda que sembrar, una mirada de lástima disfrazada de preocupación.

Pero esta vez, esta vez no. Esta vez mi novio está de mi lado. ¿O no?

Lunes, 10 de febrero, 2025

No sé en qué momento pasó, pero ahora ella le coquetea descaradamente.

Y él la deja.

¡CLARO QUE LA DEJA! Le sigue el juego, como un imbécil.

Me hierve la sangre cada vez que la veo buscar cualquier excusa para tocarle el brazo, reírse exagerado de sus chistes pendejos, inclinarse demasiado cuando le habla. ¡No mames, toda la conversación es sobre ella!

Y él no hace nada. ¡No hace nada!

Ella no nos deja solos, se atraviesa como si fuera su maldita novia.

Cada día es más evidente.

Si me besa, pone caras.
Si me abraza, se incomoda.
Si él me ve bonito, se enoja.

¿Y ella qué? ¿Qué chingados quiere? ¿Que él la trate igual que a mí?

Porque se nota, se nota cabrón que espera las mismas atenciones. Como si fuéramos un trío y yo no me hubiera enterado.

Y las preguntas que le hace… Siempre quiere saber sobre sus ex, sobre cómo era su vida sexual con otras, qué cosas le gustan en la cama. Qué necesidad hay de hablar de eso, qué necesidad, qué NECESIDAD.

Y lo peor… ¡LO PEOR!

ÉL LE CONTESTA.

Como si yo no estuviera ahí. Como si yo no importara una mierda.

(¿Hablan a mis espaldas? ¿Se mandan mensajes cuando no estoy? ¿Cuántas veces han estado juntos sin que yo me entere? ¿Y si ya pasó algo? ¿Y si me están viendo la cara? ¿Y si…? ¡YA BASTA, YA BASTA, YA BASTA!)

Cada vez los veo más unidos.

Cada vez me siento más sola.

 

Martes, 11 de febrero, 2025

En un arranque de celos, lo terminé. Lo bloqueé, lloré, grité, me juré que nunca más. Y luego fui corriendo a contárselo a ella. ¿Por qué? No sé. Supongo que por costumbre. Supongo que porque, a pesar de todo, parte de mí sigue creyendo que es mi amiga.

Pero apenas mencioné la ruptura, ni siquiera me dejó terminar de hablar cuando dijo:

"Es lo mejor para los dos, la verdad. Él también es mi amigo."

¿De nuevo?

De nuevo él es su amigo.
De nuevo ella habla por los dos.
De nuevo me quedo con esta sensación de que me arrebatan lo que es mío.

¿Qué pasó? ¿Qué hice mal?

***

Al otro día volví con él. Sí, así de ridícula.

Pero a ella ya no le volví a hablar.

Le escribí un mensaje larguísimo, explicándole mis razones, pidiendo que me entendiera.

Su respuesta fue un pinche:

"Siento horrible, pero te entiendo."

¿Te entiendo? ¿¡TE ENTIENDO!? No, no me entiendes una mierda. Si me entendieras, no estarías invitándolo a comer en cuanto te enteraste que terminamos.

Si me entendieras, no estarías tratando de sacarle información. 

Si me entendieras, no andarías por ahí diciéndole a todo el mundo que soy una pinché manipuladora. 

Que condiciono la amistad… Que pobrecita de ella, que siempre la juzgué… Que qué bueno que al fin se deshizo de mí.

Pero aquí sigue.

Siempre sigue.

Como si no pudiera desaparecer.

 

Miércoles, 12 de marzo, 2025

Ella ganó. Mi novio me terminó. No porque me haya equivocado. No porque yo haya hecho algo realmente malo. No. Fue por ella. Porque no soporta verme enojada con ella. Porque le da la razón. Porque cree que fui una inmadura por haberla "abandonado".

Y al final, me alejé de todos.

Me quedé sola.

Sin amigos.

Sin ganas.

Pero aprendí.

Aprendí que una manzana podrida es suficiente para contaminar toda la canasta.

Aprendí que hay gente que nunca se va. Que se queda a la orilla de tu vida, husmeando, robando lo que ama de ti para hacerlo suyo.

Ella se volvió aún más amiga de Paco, y con mi ex se lleva bastante bien.

Nunca sabré qué pasó… Si Paco fue una víctima más de Carmen. O si Carmen fue víctima de Paco, y aprendió demasiado bien de él.

Tal vez nunca lo descubra; pero a estas alturas es mejor quedarse con la duda, que perder la cordura.

Solo quiero recuperarme. Confiar otra vez. Tener fuerzas para amar y entregarme de la misma manera que antes.

Aunque algo en mí me dice que ya nunca va a ser igual.

lunes, 24 de febrero de 2025

El huesped indeseado

 

La noche está tranquila y yo descanso con mi cuerpo hundido en el colchón. Mi respiración es pausada, mi mente flota en el dulce sopor del sueño. Todo es calma.

Chsssk.

Algo se filtra en mi conciencia, un sonido seco y distante, apenas un murmullo en la oscuridad. Al principio, lo confundo con los ecos de un sueño. Pero ahí está de nuevo.

Parece venir de todas partes y de ninguna. Mis ojos aún están cerrados, pero mi cuerpo ya está alerta. El letargo se rompe. Mi corazón late más fuerte. El sonido se hace constante, perfora la quietud de la habitación. Me atrevo a abrir los ojos. Nada. La oscuridad me envuelve, pero el sonido sigue ahí, inquietante, pegajoso, como el roce de pequeños dientes contra la madera.

Trago saliva. No quiero moverme, pero la ansiedad ya me aprieta el pecho. Intento convencerme de que no es nada, solo mi imaginación. Sin embargo, la sensación de que algo se esconde conmigo en la oscuridad es más fuerte.

Pero al cerrar los ojos, lo siento justo debajo de la cama. Algo se mueve ahí, mordisqueando la oscuridad, reclamando territorio. Me incorporo de golpe, con el corazón retumbando en la garganta. El sonido no viene de abajo. Viene de la pared de enfrente.

Mi mente construye la imagen: dientes afilados, amarillos, mordiendo sin descanso. Ojos redondos, negros como pozos sin fondo. Cuerpos menudos y elásticos, capaces de infiltrarse por cualquier resquicio.

—Pueden morder… pueden contagiarme… —El pensamiento se encaja en mi mente como un anzuelo. Un escalofrío me recorre la espalda, como si ya pudiera sentir aquellos diminutos colmillos rozando mi piel, presionando apenas, probando la textura antes de desgarrar.

—Los dientes… esos dientes… —Me abrazo a mí misma, las manos crispadas en la tela de mi pijama. La idea de una mordida me sacude desde dentro, el ardor punzante, la sangre brotando, la posibilidad invisible, pero latente de una infección escurriéndose bajo mi piel.

Mis piernas se encogen instintivamente sobre el colchón, como si al elevarlas pudiera librarme de la amenaza. Pero la idea sigue ahí, pegajosa, palpitante, como una herida que no deja de doler.

Saco el teléfono y comienzo a buscar soluciones. Escribo "cómo deshacerme de ratas en casa" y el buscador despliega un sinfín de opciones. Veneno de rápida acción, trampas adhesivas, remedios naturales como menta o vinagre. Abro un enlace tras otro, escaneando comentarios, viendo imágenes de infestaciones que me hacen estremecer. Me muerdo el labio. ¿Y si hay más de uno? ¿Y si está en mi habitación?

Mientras navego entre opciones, el sonido se vuelve un tamborileo persistente.

Rasp, rasp, rasp.

Algo roe dentro de la pared, justo debajo del librero.

No es una amenaza lejana. Es inminente.

Ya han pasado varias noches y el chasquido se intensifica.

Tac. Tac. Tac.

Cada sonido es un golpe seco contra mi cordura.

Tac. Tac. Tac.

Se vuelve más rápido, más insistente.

TacTacTacTacTac.

Y de pronto, nada. Un estallido de silencio.

Mi respiración se detiene. Mi piel se encrespa.

sssshhh…

Pasos diminutos recorren el suelo, rozando la madera con una suavidad casi imperceptible. Apenas un susurro, un roce etéreo. Mis músculos se tensan, se aferran a mi parálisis. Trato de moverme, pero el miedo se me enrosca en los huesos, inmovilizándome. Mi pecho sube y baja en un ritmo entrecortado, como si el aire se negara a entrar.

El ratón está dentro.

Enciendo la linterna del teléfono. La luz pálida barre la habitación. Nada.

—Tal vez no existe…

Ya ha pasado antes. Como con aquella mosca inexistente que me atormentó durante semanas hasta que me convencí de que no era real.

Pero entonces veo el agujero en la pared. No es solo mi imaginación.

Voy al baño, con la ilusión de una tregua.

Me siento en el excusado, tratando de calmar mi respiración.

Entonces lo veo.

Pequeño, gris, con esos ojos como abismos negros.

El ratón también me ve.

Contengo el aliento. De pronto, se lanza hacia la puerta. Choca. Rebota. Retrocede y se lanza de nuevo. El golpe seco contra la madera resuena en el baño.

Tac. Tac. Tac.

Insiste, desesperado, buscando una salida. Mi pecho se contrae. Mis piernas tiemblan. Se estrella una vez más y, en su caída, choca contra mis pies.

Un grito me estalla en la garganta. Pateo el aire, me subo al excusado. Mi corazón late con furia, mi cuerpo entero se estremece.

El ratón desaparece en la oscuridad.

Regreso a la cama, agotada, con el corazón tamborileando en las costillas. La criatura se ha instalado en mi territorio.

—Es como un tiburón—susurro, sintiendo el aire frío en mi garganta—. Acecha en la profundidad de la oscuridad, girando en círculos, esperando que baje la guardia, que me descuide, que meta un pie en sus aguas negras…

Me siento exiliada en mi propio cuarto.

Durante el día sellé cada grieta y limpié cada rincón. El departamento es mío de nuevo.

Ahora que es de noche, el silencio es mi recompensa. Me hundo en el colchón con alivio. El sueño me abraza con suavidad.

Un peso ligero en mis piernas me despierta. Avanza algo torpe sobre mis muslos.

Pateo.

Un chillido. Un golpe sordo en el suelo.

Y luego, el tirón.

Las cobijas comienzan a deslizarse, como si algo intentara arrastrarlas bajo la cama.

Contengo el aliento. Cierro los ojos con fuerza. Si no me muevo, seguro todo termina al amanecer.

El silencio.

Me atrevo a abrir los ojos.

El ratón está ahí. Sobre la cama. Mirándome.

Ahora lo comprendo, con una certeza helada, que ya no soy dueña de este lugar.

He perdido.

Trago saliva y espero, aterrada, lo que vendrá después.


viernes, 21 de febrero de 2025

A la sombra del amor

El ambiente huele a humedad, un hedor espeso y rancio que se aferra a cada rincón como un aliento estancado. La fragancia agria de madera mojada se mezcla con el polvillo seco que cubre las superficies, mientras un dejo agrio de restos de comida olvidada se cuela entre las rendijas, avinagrado y persistente.

En la lejanía, los autos gruñen sobre el asfalto, su rugido amortiguado por las paredes, interrumpido apenas por el murmullo monótono de voces indistintas. Justo detrás de la puerta, pasos van y vienen, un desfile constante de pisadas impacientes, suelas que crujen sobre el suelo con un ritmo que me eriza la piel.

Las sombras se apoderan del espacio, alargándose sobre libros apilados al azar, sus lomos cubiertos de una pátina de olvido. Entre ellos, tazas de café abandonadas con manchas pardas en el fondo, cucharas sucias pegajosas por algún residuo que el tiempo ha endurecido.

Deslizo mis dedos sobre una hoja empapada en moho, su textura blanda y viscosa se adhiere a mi piel como una advertencia silenciosa. Más allá, la portada de un libro viejo se deshace bajo la presión de mis yemas, su cartón frágil cediendo con un crujido seco. Todo aquí está muerto, atrapado en un letargo sofocante. Y, sin embargo, yo permanezco.

Ella lo ocupa todo. Su sonrisa flota en mi mente como un eco luminoso, su mirada es un destello fugaz en mi penumbra. Y ese aroma… una mezcla embriagadora de sándalo y naranja que se desliza por el aire cada vez que la puerta se abre, como una promesa imposible de atrapar.

Apenas si la conozco y, sin embargo, cada encuentro furtivo es suficiente para incendiarme. Me aferro a los minutos, a las horas, a los eternos segundos que me separan de ella, de la luz efímera de su presencia.

Solo alcanzo a ver fragmentos de su rostro cuando la oscuridad retrocede por un instante. El resplandor la recorta con un contraste hipnótico: la curva de su pómulo como el filo de una luna creciente, la sombra de sus pestañas proyectándose sobre su mejilla, el brillo intermitente de sus labios cuando se humedece la boca. Y su lunar… ese pequeño punto en la comisura del labio, como una mota de tinta en una pintura divina. Perfecto. Irresistible.

Incluso su sonrisa chueca me parece un milagro. Un lado se curva más que el otro, como si su boca estuviera siempre al borde de una travesura secreta. Para el mundo, quizás sea una imperfección. Para mí, es la firma inigualable de su belleza.

Hoy podría ser el día. Tal vez el destino, en un arrebato de piedad, me conceda el más divino de los milagros: reflejarme en sus ojos. Que su mirada, siquiera por un instante, se pose en mi insignificante existencia y me arranque de las sombras.

¡Oh, cuánto ansío el roce de su atención, el fulgor de su reconocimiento! Ella… ella es el sol que ilumina mi desdicha, el faro que guía mi extraviada alma en esta noche perpetua. Por ella me aferro a la vida, por ella devoro las miserias que me sostienen, por ella imagino un futuro en el que no soy solo un fantasma errante en su universo.

Si tan solo supiera que existo… si tan solo me diera la dádiva de un suspiro.

Pero temo que su dulce corazón no esté preparado para la visión de mi ser, que su mirada, en lugar de posarse con ternura, se desvíe con horror. Temo que mi sola existencia le provoque repulsión, que mi amor—puro, ardiente, devoto—sea para ella una afrenta, una sombra que ensucia la perfección de su mundo.

Nunca he inspirado más que desdén. Mi belleza es una ironía del destino, un arte maldito que nadie ha sabido apreciar. No poseo la delicadeza de los rostros que ella contempla a diario, ni la elegancia de aquellos que la rodean. Mi cuerpo, esculpido por la naturaleza en formas que la humanidad desprecia, es una obra maestra de la penumbra, una criatura de la noche que solo conoce el sigilo y la huida.

Y mis costumbres… ¡ay, mis costumbres! No sé de etiquetas, ni de modales refinados; mi vida transcurre en las sombras, entre restos olvidados y rincones que nadie reclama. Mientras ella se mueve con gracia entre luces doradas y perfumes embriagadores, yo me deslizo en la penumbra, entre aromas de madera húmeda y el crujir de páginas marchitas. ¿Cómo podría esperarse que me aceptara? ¿Cómo podría, siquiera, tolerar mi presencia?

Pero aun así… aun así la amo. Y ese amor es mi condena.

Schh… El sonido de sus pasos se acerca… Cada uno resuena como un presagio, vibrando en el aire, filtrándose entre las rendijas de mi mundo. La madera tiembla bajo su toque y, con un crujido que me sacude hasta los huesos, la puerta comienza a abrirse.

Mi corazón, pequeño y frágil, late con un frenesí descontrolado. Bum. Bum. Bum. Cada latido es un tambor de guerra, una campana fúnebre, un delirio que me ahoga.

Y entonces, ahí está.

Majestuosa. Radiante. Tan cerca que casi puedo tocarla, tan inalcanzable como siempre. Mis patas tiemblan, pero me asomo con timidez, con esperanza… con devoción.

El tiempo se detiene. Todo el universo contiene la respiración.

Espero…

Anhelo…

Pero su rostro—mi dulce y adorado rostro—se tuerce en una mueca de horror. Su grito desgarra el aire y, con él, mi corazón.

Retrocede.

Pero no huye.

Un golpe brutal.

Un destierro sin piedad.

Sus manos me arrancan de mi hogar con furia despiadada, me sacuden como si fuera un desperdicio inmundo, como si mi existencia misma fuera un insulto. Me aferro—con desesperación, con súplica muda—pero su fuerza es incontenible, su desprecio, absoluto.

Me lanza al vacío.

El mundo gira, un torbellino de luz y sombras. Me estrello contra el suelo con un impacto seco, el aire escapando de mi cuerpo en un espasmo de pánico. Todo duele. Todo arde.

No lo entiendo. ¡No lo entiendo! ¿Por qué? ¿Por qué me rechaza con tal crueldad? ¿Acaso no ve que mi amor es sincero, que mi única culpa ha sido adorarla en silencio? Quiero explicarlo, quiero gritarlo—pero su sentencia ya ha sido dictada.

Su pie se alza, colosal, despiadado. Su sombra se expande sobre mí como un eclipse de muerte.

El destino cae con todo su peso. El impacto es absoluto. Un crujido sordo. Un estallido de dolor. Todo se apaga. La oscuridad me envuelve, esta vez para siempre.

Nadie dijo que ser cucaracha fuera fácil.


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